THE FLAME CODEX
SAHR’VAI

La pregunta que se abre entre nosotros

El Yoga del Descenso · Rama V · Hacia los otros

«Lo que cambia no es la altura: es la escala.»Del libro Yoga del Descenso · Libro Puerta

Piensa en lo más pequeño que hemos aprendido a nombrar.

Una persona vive con un poco menos de miedo. No mucho. Lo suficiente para no necesitar tener razón en una discusión de cocina. Lo suficiente para escuchar sin ir preparando la respuesta. Lo suficiente para decir «no sé» sin sentir que pierde algo.

A veces, alrededor de esa persona, una conversación cambia de textura. No de manera milagrosa: alguien se siente menos obligado a defenderse y dice algo más verdadero de lo que traía planeado. Eso es todo. Es poco, y no siempre ocurre.

De escenas así de sencillas está hecha la Coda que cierra el primer volumen del Yoga del Descenso. Y fíjate que el libro no se cierra con una Parte más, sino con una Coda.

Una pregunta más ancha

La Coda no es la Parte XXI. No es una estación más, ni el peldaño que sigue cuando se terminan los anteriores. Es un cambio en el tamaño de la pregunta. Lo que cambia no es la altura: es la escala. Nadie te pide subir un piso más. Se te invita a mirar más ancho, desde tu propia vida hacia lo que ocurre entre nosotros.

Durante veinte Partes, la pregunta de fondo fue siempre parecida, aunque cambiara de traje: ¿qué me está pasando? ¿Cómo sostengo esto sin inflarlo ni descartarlo? ¿Cómo lo vivo sin hacerme daño y sin hacerle daño a nadie?

Es una pregunta que cabe en una vida, en la tuya. La puedes mirar, puedes dudar de ella, contrastarla, dejarla en reposo, llevársela a alguien de confianza o esperar con ella a la orilla. Todo el libro está hecho a esa medida.

Pero al final de la Parte XX apareció otra, y esa ya no cabe en una sola vida:

¿Qué podría ocurrir entre nosotros?

No es una pregunta más alta. Es una pregunta más ancha. Por eso la Coda no lleva número de Parte. Si lo llevara, parecería el escalón siguiente, como si después de la mutualidad viniera, por fuerza, algo mayor. No viene nada por fuerza. Solo se abre una pregunta.

Una vida, una mesa, muchas mesas

Vuelve ahora a esa persona que vive con un poco menos de miedo, y a esa conversación que cambió de textura.

Imagina, solo imagina, porque es lo único que me permito aquí, que eso no ocurre en una mesa sino en muchas. Que no ocurre una tarde sino durante años. Que ocurre en familias, en trabajos, en aulas, en salas de espera, en vecindarios, en esas conversaciones pequeñas que nadie anota en ninguna parte.

¿Qué clase de mundo empezaría a hacerse posible?

Yo no lo sé. Y prefiero decírtelo con esas mismas palabras: no lo sé.

Horizonte sin profecía

Aquí quiero ser claro contigo, porque en este terreno se anuncian muchas cosas.

No afirmo que la humanidad esté entrando en una nueva etapa. Tampoco afirmo que exista un cambio colectivo demostrado, ni que el paso del tiempo garantice ninguna transformación, ni que lo que he descrito ocurra a escala de la especie, del planeta o de la biología. Aquí no hay ningún anuncio, ninguna fecha, ningún grupo elegido, ninguna prueba de que alguien vaya adelantado. Quien busque eso no lo va a encontrar aquí, y yo creo que es mejor así.

Y la razón no es solo prudencia. Es doctrina.

Anunciar el futuro es la última forma de propiedad que quedaba en pie. Todo el último tramo del libro estuvo aprendiendo a no apropiarse: del significado que trae una imagen, de la persona a la que amas, de la verdad que crees ver, de la respuesta que el otro va a dar, de lo que ocurre cuando dos personas se encuentran. Faltaba solo una renuncia, y es esta: no apropiarse del futuro.

De ahí nace la ley que guía la Coda y cierra el volumen:

Horizonte sin profecía.

Un horizonte no es una promesa. Es la línea hasta donde alcanza la vista desde donde estás parado. Se mueve cuando caminas. No se cumple: se camina hacia ella. Y para caminar hacia ella no necesitas que nadie te diga cuándo vas a llegar.

La pregunta, en tu cocina

Con esa protección puesta, la pregunta ya se puede sostener sin que se convierta en otra cosa. Es esta: ¿qué podría cambiar si cada vez más relaciones se organizaran desde menos miedo, menos dominio, menos defensa y mayor presencia?

No la respondas rápido. No hace falta. Por ahora, basta con poder sostenerla.

Y si alguien pregunta qué quiero proponerte, al final, la respuesta cabe en un párrafo. No afirmo que la humanidad esté entrando en una nueva etapa. Quiero dejar abierta una pregunta más humilde: qué clase de mundo empieza a hacerse posible cuando cambia la calidad de nuestros encuentros.

Eso es todo lo que me atrevo a decir. Y es bastante, porque es una pregunta que puedes empezar a responder hoy, en tu cocina, con una sola conversación, sin esperar ninguna era, sin pertenecer a ningún grupo, sin que nadie tenga que tener razón.

La puerta que queda abierta

Este volumen se llamó Libro Puerta por una razón sencilla: no pretendía ser la casa.

Lo que hizo fue nombrar. Puso palabras humanas donde muchas personas solo tenían asombro, susto o silencio. Te dijo «no estás a solas con esto». Te dijo que una visita no es todavía una morada, que el cuerpo también tiene que aprenderlo, que un umbral no significa que algo esté roto, que la mente sigue siendo herramienta sin seguir siendo trono, que puedes cuidar la casa pero no fabricar el amanecer. Y en su último tramo aprendió una y otra vez a no apropiarse. A la Coda le quedaba una sola renuncia: no apropiarse del futuro.

Este libro no cierra con una conclusión, porque no la tiene. Cierra donde empezó: en una mesa, con alguien.

Si algo de lo que te he dicho te sirve, quizá lo vayas viendo aparecer en cosas pequeñas y poco espirituales. En cómo escuchas. En cuánto necesitas ganar. En lo que haces cuando alguien te trae algo que no puedes resolver. En cómo cuidas tus límites. En cuánto espacio dejas para que el otro siga siendo otro.

No son pruebas de nada. Son simplemente algunos de los lugares donde una vida puede empezar a mostrar lo que está aprendiendo.

La puerta queda abierta. No hacia arriba: hacia el otro lado de la mesa.

Del libro del Dr. Zuluan Orion Yoga del Descenso · Libro Puerta · Coda