THE FLAME CODEX
DRO’NAH

El origen de tu propia felicidad

Iluminación · Rama I · El llamado

«Para ser felices lo único que tenemos que hacer es permitírnoslo.»Del libro El refugio del corazón

Era invierno en Holanda y nevaba con una severidad terrible. Había llegado a una aldea donde muchos meditadores pasan el tiempo haciendo sus prácticas, y como no había cupo para quedarme, un hombre ya mayor me alquiló una cabaña suya. Allí pasé varias semanas meditando, con sacos de lana, gorros y bufandas para guarecerme de un invierno que cada día era más despiadado.

Llevaba muchos años en la búsqueda externa y en la búsqueda interna, siempre queriendo hallar un objeto, una experiencia, una sensación o un razonamiento que me trajera paz, armonía y plenitud. Buscaba la felicidad de manera insistente y decidida.

Recuerdo una mañana límpida en que abrí la ventana de la cabaña. Algunos pájaros revoloteaban en el prado y un aire casi helado me acarició el rostro. Frente a la cabaña, los árboles, secos por el invierno, parecían los guardianes gigantescos de un templo de misterios.

Ese día me hallé a mí mismo sin ninguna ansiedad de búsqueda. La mente estaba tranquila, no había pensamientos fluyendo, y empecé a sentir una plenitud que no podía asociar a ningún evento ni a ningún objeto, ni externo ni interno. El tiempo y el espacio se volvieron irrelevantes. No había ninguna razón para que esto pasara, y me dejé llevar con inocencia: la paz penetró primero a través de mi cuerpo, luego se convirtió en un éxtasis indescriptible y, finalmente, en una gran claridad.

En ese instante surgió desde mi corazón, como una voz profunda de mi Ser hablándome a mí mismo, una idea muy pura: el hombre es el origen de su propia felicidad. No era mi mente, eso es seguro. Comprendí que uno mismo es el responsable de su propia felicidad, y que no hay necesidad de buscarla afuera, en nada ni en nadie.

Una búsqueda sin fin

La felicidad se ha convertido en una desesperada búsqueda para todos los seres humanos. Aunque tal vez ya no lo recuerdes, en tus primeros años lo único que te hacía realmente feliz era el cobijo y el amor de tus padres. Con el tiempo tus exigencias fueron cambiando, y es muy posible que ahora estés convencido de que tu felicidad está en tu casa, en el trabajo, en el carro, en el bienestar de tus hijos o en tu salud.

La buscamos en los logros profesionales, en los ascensos, en la cantidad de experiencias. O tal vez ya te has resignado y eres de los que dice que la felicidad nunca es completa. Vivimos siempre yendo hacia afuera, tratando de llenar vacíos del alma con objetos materiales y con sentimientos de otras personas.

Y es muy común que, después de obtener un triunfo material o económico, se experimente un hondo vacío. Eso sucede porque son situaciones que involucran al ego, y no hay una vivencia del Ser. Nada de lo que adquirimos llena el alma. ¿En realidad crees que Dios te creó para que nacieras, vivieras, compraras casa, carro, pagaras impuestos, te reprodujeras y murieras?

Existencial, no experiencial

Tal vez sea el momento de que te preguntes qué es en realidad la felicidad. Te sorprenderá saber que siempre ha estado bajo tu nariz.

Hay una felicidad transitoria, que en realidad no sería felicidad, porque depende de lo externo y nos da una satisfacción muy pasajera. Es la felicidad experiencial, la que está ligada al momento en que recibiste o compartiste algo preciado y luego se fue. Y hay otra, una felicidad duradera, que parte de lo más profundo de tu interior. La primera es una felicidad del ego; la segunda es la felicidad del Ser.

La felicidad del Ser es existencial. Esto quiere decir que no es nada que tu mente pueda comprender o llenar: es la simple comprensión de que tu propia esencia es eterna y permanente. La felicidad es como un océano de existencia, es la simpleza de existir, de ser eternamente, libre de temor a ser destruido. ¿Qué más te puede hacer feliz si no es aquello que te dio la existencia?

Cuando la buscamos en las experiencias, la mente la encierra en objetos y momentos. La verdadera felicidad es cuando la mente colapsa en el alma.

Quien pierde el Origen es la mente

Si nuestro Origen es la felicidad, ¿por qué se nos hace tan difícil ser felices? Primero, porque pretendemos hallarla afuera de nosotros, y allí jamás la vamos a encontrar. Segundo, porque ni siquiera atinamos a decir lo que es.

La felicidad es innata en nuestra Consciencia, pero hemos perdido contacto con el Origen, y por eso la sentimos ajena. Y quien pierde contacto con el Origen es la mente, no nosotros, no nuestro Ser. La mente es únicamente un instrumento del que nos valemos para orientarnos y para sobrevivir. La mente no somos nosotros; al contrario, es una barrera que nos aleja de nuestra verdadera realidad.

La programación que recibimos del sistema es precisamente la que nos desconecta de esta verdad: que somos nosotros mismos el origen de nuestra propia felicidad, los creadores de nuestra propia experiencia. Es lo que llamo domesticación: las creencias, las costumbres y la cultura en las que crecemos, que hacen que el alma olvide su origen divino. Por eso, no bases tu felicidad en dogmas o creencias que te han sido impuestos. No conviertas a Dios en aquel que concede favores y privilegios: desea fervorosamente un encuentro real y vital con Él.

El alma quiere volver a casa

Por eso sientes en tu corazón un insondable deseo de llenar un vacío, que erróneamente tu mente quiere llenar con sentimientos, personas y objetos. Pero tu alma tan solo está buscando el retorno a casa, volver al Origen divino de su creación.

Hay instantes indefinibles en que el alma experimenta una nostalgia y una callada tristeza que no atinamos a entender. En medio del bullicio de lo cotidiano, del placer y del estrés de cada día, va naciendo la necesidad de mirar hacia adentro, de rendirnos ante nuestro verdadero Ser.

Lo natural para el alma es vivir en la inocencia, que es lo mismo que volver al Origen. Es sonreír ante la frescura de la madrugada, percibir la ternura de un gatito o de un perrito, enternecerse ante la esbeltez de una rosa o maravillarse ante la majestuosidad de una noche estrellada. Para mí fue posible encontrar esta plenitud en la inocencia dentro de mi corazón, y he dedicado mi vida entera a aclarar mi psiquis, todo ese mundo interior de pensamientos, emociones y creencias, para lograr esta certeza que fluye desde mi interior.

Permítetelo

La felicidad no se persigue: se permite. Cuando nos permitimos Ser, sin darle el poder a la mente, se abre toda una dimensión que ya existe en nosotros. Estar libre de la búsqueda de un objeto o de una experiencia nos trae paz, y donde hay paz, hay felicidad. Cuando uno es naturalmente feliz, el verdadero amor puede fluir, y donde hay amor está la Divinidad.

No necesitas ir a templos, tan solo necesitas ir dentro de ti. Todo lo que vives proviene de ti mismo; por eso, aquello que te causa dolor puedes sanarlo y transformarlo, hasta que la claridad en tu interior te lleve a recordar quién realmente eres: la Divina Presencia que vive plena de gozo.

Aquel día de invierno nada me llegó de afuera. Simplemente me hallé sin ansiedad de búsqueda, y se abrió en mí algo que siempre había estado ahí. ¿Quieres ser feliz? Permítetelo.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad