«La verdadera espiritualidad es un ingreso sagrado al sufrimiento, como quien ingresa a un templo a orar.»Del libro Deshojando el Corazón de la Eternidad
Todas nuestras experiencias y acciones fluyen como en un océano plagado de basura. El oleaje, tarde o temprano, empujará todo hacia la orilla, y allí es donde deberemos hacernos cargo.
Pero nos cuesta hacerlo. Yo creo el sufrimiento y después no quiero asumir lo que he creado: ese es el comportamiento en el que siempre nos escudamos para evadirlo. Y sin embargo, el alma tiene que aprender de lo que ha creado, porque no podemos olvidar que somos cocreadores del universo.
El primer sufrimiento
El sufrimiento primordial del ser humano es no saber quién realmente es. De ahí nace una segunda instancia que lo incrementa: no hallar respuesta a esa pregunta, hasta perder la noción de la realidad.
Al perder el enfoque nos atrapamos en esta creación física. Nos sobreidentificamos con las experiencias, con los deseos y con las vivencias que nosotros mismos cocreamos, hasta perdernos en la fascinación de la existencia material. Olvidamos nuestra Divina Presencia y le superponemos una falsa identidad: creemos que somos nuestro nombre y todo lo que lo adorna. Es eso lo que nos ciega de la Divina Presencia que ya somos aquí y ahora.
Sufrimos porque nos hemos desconectado de nuestro Ser. Y es una vivencia que crece, porque la inconsciencia y el desconocimiento de lo que realmente somos incrementan el sufrimiento y el dolor, y los errores que cometemos se van sumando como las cuentas de un ábaco.
Lo opuesto a lo que nos enseñaron
El proceso de liberación del sufrimiento es precisamente lo opuesto a lo que nos han enseñado. No tenemos que escapar de él. Debemos reconocer que todo lo que vivimos es una extensión de nosotros mismos, en un nivel u otro. Cuando lo observas así, como tu propia extensión, haces que se disipe.
Pero es difícil aceptar que así es, porque no cesamos de otorgarle todo nuestro poder a la mente. Nos hemos entregado a una materialidad consumista que nos vende, elegantemente empacada, la idea de que el fin del sufrimiento está fuera de nosotros, en cosas banales que nos distraen un momento de aquello que nos aflige. Así es como nos desconectamos del presente, obedeciendo a la mente en sus distracciones.
Lo sostenemos por miedo
Somos nosotros mismos los que sostenemos el cascarón del sufrimiento, porque nos da miedo vivir sin él. Nos mantenemos en relaciones dañinas simplemente porque se nos hicieron familiares, y lo mismo pasa con el sufrimiento: seguimos alimentándolo por temor a romper con aquello que ya nos es conocido, por miedo a una pérdida, a un desapego o a un cambio.
Muchas veces nos amarramos con votos que hacemos con nosotros mismos. Nos condicionamos a personas, hechos y eventos, y nos decretamos permanecer en ello, convencidos de que es lo correcto. Si este es tu caso, necesitarás generar nuevos votos contigo mismo, dejar ir, despegarte y liberarte. No te amarres a tu propia ignorancia creyendo que no hay más posibilidades para ti.
Observa también a tu mente. Ella siempre te da ánimo para que sigas nadando en tu dolor, justificándote una y otra vez en tus sentimientos de odio o de ira, haciéndote creer que tienes suficientes motivos, o que eres una víctima incapaz de encontrar otras opciones. Ahí, en esas justificaciones, es donde se te está yendo tu propia luz.
El amor no es dolor
El amor y el dolor son opuestos. El amor no es dolor, y el dolor no es amor. Sin embargo, la idea contraria se nos puede grabar desde la infancia, cuando nuestros padres son las personas más importantes de nuestra vida. Si creciste con dolor, aprendiste a amar a quien te atormentaba y creciste creyendo que los demás tienen derecho a herirte. Así terminas amando a quienes te lastiman.
Lo digo desde mi propia vida: el padre que más amé fue el que más me hirió. Llegó un momento en que comprendí que ya no quería cargar ese dolor sobre mis hombros, y mucho menos llevarlo a la vida de quienes amo. Entonces acepté mi decisión de vivir una vida basada en el amor y no en el dolor.
La idea de que el amor duele tiene que salir de nuestros corazones. No podemos construir nuestra vida alrededor del dolor, y hay que aprender de él, asumiéndolo como una lección para el crecimiento del alma. Pero el dolor no siempre es un requisito para aprender: mucho de eso se encuentra también en el amor y en la armonía.
Enfrentarlo sin temor
No se trata de querer sufrir para transformarte. Pero tampoco podemos huir de los monstruos que nosotros mismos hemos creado: entre más tratamos de alejarnos de ellos, más crecen. Por eso hay que enfrentarlos sin temor. El sufrimiento es el campanazo más relevante que nos da la vida, y es necesario asumirlo y no evadirlo.
Cuando nos sentimos impotentes, abandonados, sumidos en la más completa soledad; cuando nos rendimos y nos entregamos a ese sufrimiento, cuando aparentemente todo se hunde bajo nuestros pies, ahí, precisamente ahí, es cuando podemos entrar en comunión con el universo o con el Ser Supremo. En tu sufrimiento no estás solo. La Divina Presencia está contigo sosteniendo tu sufrimiento; el Padre-Madre universal está siendo la consciencia que sufre aquello que te está pasando.
Romper el cascarón
Cuando te detienes y te haces consciente de tus sufrimientos, puedes reconocerlos y transformarlos. Es muy importante depurarte emocionalmente, pero más que nada es favorecer tu presencia. Entra en un proceso devocional: lo que el Padre-Madre universal más desea para ti es un corazón puro.
Romper el cascarón del sufrimiento es adentrarnos en algo tan simple que causa verdadero asombro. Todo siempre es más simple de lo que la mente concibe. Tenemos que aprender que hay amor y felicidad paralelos al sufrimiento, y que el amor en acción se convierte en compasión.
Hay que desarrollar la confianza. Te aseguro que, una vez que abraces el cambio en tu vida, el Universo te permitirá vivir en armonía y, en algún momento, se encargará de recordarte cuál es la mejor decisión. Conecta hoy con tu corazón y permite que se te revele la Divinidad en cualquiera de las millones de formas en que podría hacerlo.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad · Iluminación