«Siendo que el alma nace de la creación divina, trae consigo este cuestionamiento en su esencia para no perderse.»Del libro El refugio del corazón
El poder de la devoción que hay dentro de ti no se puede explicar con palabras: es gozo puro, velado por el enigma. ¿Cómo explicarías la dulzura del azúcar? ¿Cómo podrías disfrutarla si no pudieras probarla? Te contaré cómo descubrí yo la dulzura de Dios.
En uno de mis viajes pude llegar hasta Egipto y meditar dentro de la gran pirámide, sobre la piedra del sarcófago. Adentro todo era oscuridad, y el silencio era ensordecedor. En medio de la meditación vi cómo las paredes empezaban a tomar un tono violeta.
Después, ya en el hotel, quise seguir meditando. En un momento, algo más fuerte que mi voluntad llevó toda mi atención al corazón, donde sentía que mi presencia se asentaba. Y allí, en el centro de mi pecho, empecé a ver una perla azul que giraba a una velocidad sorprendente.
Esa perla era mi intelecto en su nivel más sutil, y mientras giraba se preguntaba: ¿Quién soy yo? De repente sentía a la Consciencia responder desde adentro, con una voz profunda: Pero tú eres.
Con esa respuesta la perla se detenía, y yo me llenaba de un éxtasis indescriptible; todas las dudas se aclaraban. Luego volvía a girar y a preguntar: ¿Quién soy yo? Y la respuesta seguía siendo la misma: Pero tú eres. Era una conversación entre la Consciencia y el intelecto, en un nivel muy sutil, en el que yo conectaba con mi intelecto buscando realizar su verdadera esencia.
Para ese entonces yo no había leído nada acerca de esa perla azul; simplemente tuve la vivencia. Esa experiencia me marcó profundamente y fue un escalón en mi camino. Estas vivencias no me fueron impuestas ni enseñadas por nadie: llegaban de manera espontánea, gracias a la Divinidad.
Una pregunta que viene de la Divinidad
Es tan puro este cuestionamiento que se genera con la intención de la misma Divinidad, para asegurarse de que el alma quiera volver a casa. Es la inquietud natural con la que todos fuimos creados para descubrir nuestra verdadera esencia.
Pero en la medida en que nos densificamos, olvidamos e ignoramos a nuestro verdadero intelecto, que se pregunta desde el nivel más sutil de nosotros mismos: ¿Quién soy yo? Y sin embargo, ahí es donde debería estar nuestra atención, en lo que de verdad importa: conocernos a nosotros mismos y ser capaces de cuestionarnos.
¿Cómo podrías estar seguro de conocer algo, si ni siquiera sabes quién eres? Hacerte esta pregunta permite que lo primordial, saber quién eres, se imponga sobre cualquier otra idea. Tal vez es esta misma pregunta la que te ha traído a leer estas palabras. Es realmente natural en nosotros emprender esta búsqueda.
Cuando la pregunta sabía a cartón
Esta pregunta ha hecho conmigo un largo camino. En mis primeros años de meditación me hacía preguntas como ¿Quién soy yo? o ¿Qué es Dios?, y había una duda en mi corazón y una sed que cada día crecía con más vehemencia. Las preguntas seguían surgiendo, como el agua que brota a borbotones de un manantial.
Con el tiempo repetí tanto la pregunta que ya me sabía a cartón, como un chicle que había perdido todo su sabor. Era todavía algo mecánico.
Hasta que, en un momento, dejó de ser una repetición. Empezó a surgir desde lo más sutil de mi alma, y a veces me despertaba en la noche sintiendo a mi propio intelecto, no a mi mente, preguntarse una y otra vez: ¿Quién soy yo?
La mente pregunta, el corazón responde
Cada vez que le preguntas a la mente quién eres, es tu propia inteligencia la que hace la pregunta, y aunque la respuesta sea que eres Consciencia y Espíritu, esa respuesta sigue siendo solo un concepto. En cambio, cuando te haces la pregunta plenamente consciente de lo que te rodea, encuentras el vacío donde mora la verdad: la presencia y la Consciencia, no como un concepto de palabras, sino como la vivencia de su esencia.
Cuando los pensamientos no están activos, las respuestas llegan directamente de la presencia. Entonces comprendes que ya no estás sentado en la silla de tu cabeza, sino en la de tu propio corazón.
Las ideas que crea tu mente no tienen significado por sí mismas, porque están ancladas a los pensamientos abstractos de esa persona imaginaria. Así que, en lugar de detenerte a darles significado, pregúntate quién es ese yo que quiere saber, quién es ese yo que cree que sabe, y si tiene alguna sustancia por sí mismo. Descubrirás que ese yo en realidad no es nadie, aunque su idea sea persistente. Todo lo que rodea tu nombre es un puñado de pensamientos e ideas.
Pero tú eres
Cuando sabes lo que eres, no hay duda. No hay versiones de ti en ningún lado: es tu propio Ser siendo.
No importa en cuántos conceptos hayas creído o por cuántas experiencias hayas pasado: todo ello es información. Lo único verdaderamente importante es que tú sigues siendo tú. Y ese que se complace en vivir esta experiencia de silencio, de paz, de estar libre de pensamientos, eres tú.
Mi deseo insaciable de conocerme a mí mismo me llevó a todas estas vivencias, lo cual no significa que tú no puedas tener revelaciones como las que yo he tenido. Tú y yo no somos diferentes, y estas revelaciones están disponibles para todos. No tienes que viajar, ni buscar gurús: todo eso solo formó parte de lo que yo necesitaba vivir, aprender, conocer y recordar. Para ti solo hace falta que detengas tu mente un instante y gires hacia ti mismo, porque allí encontrarás este mágico misterio. Ve a lo profundo de ti, pregúntate fervorosamente ¿Quién soy yo?, y la verdad se te manifestará, de una forma exclusiva para ti.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Iluminación · Deshojando el Corazón de la Eternidad