«Meditar es hacerse consciente de lo que sucede dentro de ti mismo.»Del libro El refugio del corazón
Una tarde me senté a meditar en mi lugar favorito, en la cabecera de la cama. Puse un cojín en mi espalda, crucé las piernas y dejé que mis manos descansaran sobre mi regazo. Primero observé los pensamientos alocados que cruzaban por mi mente, y los dejé ir.
Mientras meditaba, mi mente se iba calmando y poco a poco me dejaba caer en el misterio del silencio. A medida que se aquietaba, la mente se iba transformando en un gran espejo, y en él observé primero las trivialidades del día que acababa de pasar: pensamientos e imágenes que se superponían unos a otros, como un desfile. Como es mi costumbre, no le opuse resistencia a la mente. Dejándome llevar por el sentimiento de la vida misma, así simplemente, la observaba sin darle importancia a nada de lo que pasaba y sin identificarme con ello. Era como asistir a una película, hasta que todo aquello parecía la experiencia de otra persona y no la mía.
Segundo a segundo, el espacio entre un pensamiento y otro se hacía más grande. Sentía mi respiración reducirse lentamente, como una vela próxima a extinguirse, y podía escuchar mi corazón latir. Llegó un momento en que el silencio era la única constante. Lo más importante en ese proceso es ser solamente un simple testigo, y dejar que la atención que ponemos en la mente se vaya disolviendo, como una pluma arrastrada por el viento que cae suavemente, sin resistencia alguna, en nuestra esencia libre y espontánea.
Hacerse consciente
De acuerdo con mi experiencia, meditar es observar, es contemplar, es abrir tu consciencia a la presencia, es hacerte permeable a aquello que quieres integrar con tu Ser. Ya somos maestros en permanecer conscientes del día a día: de caminar, conducir, trabajar, comer, reír, comprar. Y aun así, algunas veces hacemos estas cosas abstraídos, pensando en otras. Meditar es hacerte consciente de tu mundo interno, de tus pensamientos y de tus sentimientos. Es el momento íntimo y exclusivo contigo mismo.
Meditar es el camino al corazón. No es un proceso intelectual, no requiere de ninguna habilidad especial y no hay nada que memorizar; lo que sí hay que hacer es verificar la experiencia directa y personal. Cuando la meditación se practica correctamente, se hace natural y no requiere de esfuerzo alguno. Es una habilidad que cada persona posee como algo propio de su naturaleza, tan simple como estar despierto, o dormido cuando se sueña. Tampoco hay que relacionarla con ninguna religión ni con ningún dogma.
Como un lago después de la tormenta
La fórmula más simple es relajar la mente, dejando que se aquiete como un lago después de una huracanada tempestad. Erróneamente, la mayoría de las personas cree que meditar requiere controlar la mente, como quien domina un aparato mecánico, tratando de pensar cosas positivas. Luchan contra ella buscando la forma de acallarla o de excluirla, pero esto nunca funcionará.
Cuando comenzamos a meditar, pareciera que los pensamientos aumentaran en cantidad y volumen. No es así. La charla interior no ha aumentado: simplemente te estás haciendo consciente de todo lo que surge de tu interior. Y no todo es éxtasis sublime. Cada vez que te sientes a meditar vas a encontrar energía reprimida en forma de viejos pensamientos, de ideas preconcebidas o de creencias que son verdadera basura emocional.
No tienes que pelear con nada de eso. Cuando observamos los pensamientos, pueden ser transformados, cambian su densidad y su textura. El acto de observar tiene el poder de transformar la energía.
Cuando empiezas a meditar, tu consciencia comienza a liberar todo aquello que tienes atrapado, para que la sutileza de tu Ser resplandezca en la superficie. Es como nadar en una piscina cubierta por una capa de petróleo, pretendiendo ver el fondo: cada meditación se convierte en la taza que usas para limpiar y sacar lo que te impide observar con claridad tus profundidades.
Desde el corazón
Al iniciar tu meditación en un lugar cómodo, empieza a hacerte consciente de tu respiración y relájate. Al pacificar tu respiración, pacificas tu mente, así de simple. Un buen truco para que se aquiete naturalmente es interesarte en escuchar atentamente algo: siempre que estás atento a algo que te están diciendo, los pensamientos cesan.
En ese momento de relajación, centra tu atención en el corazón; de lo contrario, podrás entregarte nuevamente a la mente y a sus múltiples distracciones. Nuestra alma se encuentra encarnada en el centro del pecho, donde está nuestra esencia de vida, aquella sensación de ser y existir. Si te concentras en el proceso de acallar la mente, te alejarás de esa sensación natural de existencia en tu corazón, que está libre de razonamientos y cargado de vida. Allí conectarás con tu Presencia.
A medida que te relajas, empieza a moverse la energía y los pensamientos se vuelven efímeros. Tan solo te haces observador de las texturas de ese océano que tiene vida, y empiezas a navegar en olas de energía, observando, sin tratar de controlar, ni evadir, ni impedir que surjan. Entre más observas, todo naturalmente se desvanece.
El que observa
Con la práctica, la mente se aclara y hay más espacio entre cada pensamiento, hasta que ese silencio en tu interior se convierte en un estado permanente. Poco a poco sostendrás más tu atención en tu propia consciencia, y la mente se estabilizará en un sentimiento de devoción que fluye en forma de amor y de armonía, sin necesidad de forzarla. Aquí, el meditador y la meditación se integran en uno solo.
Estar relajado te llevará a conectar con campos más sutiles: te vas a expandir y te vas a hacer más consciente de ti mismo. Por eso la meditación es un camino que nutre tu alma y la dirige hacia su verdadero Origen. Cada vez irás más profundo dentro de ti, más cerca de la esencia de lo que realmente eres.
Una disciplina del corazón
La meditación hecha con regularidad, como disciplina del alma y del corazón, no de la mente, despierta la Consciencia de Dios en nosotros, y llegamos a estar más atentos a una vida sin fricción. No esperes a que tu mente se calle para empezar. Aunque tu mente esté pensando y todo esté sucediendo, puedes disfrutar la experiencia, y tu propia Consciencia será tu soporte. Siéntate hoy, aunque sea un momento, y simplemente observa. Somos el lago en calma.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad · Iluminación