THE FLAME CODEX
MI’RAH

Las emociones: energía que se mueve en ti

Iluminación · Rama II · Lo que no eres

«El Ser no son tus estados anímicos, ni tus emociones. El Ser es lo que es. Y eso lo descubres cuando estás presente.»Del libro Deshojando el Corazón de la Eternidad

¿Qué son los sentimientos y las emociones? La palabra sentimiento lo indica: sentí-miento. Algo hay de mentira en eso. Son solo energía en movimiento, mas no algo sólido en esencia.

Y lo mismo pasa con los pensamientos, como lo indica la palabra pensa-miento: también son energía en movimiento, en una expresión muy sutil, callada y poco densa. Carecen de realidad propia; no tienen esencia.

Energía en movimiento

Tu cuerpo y tus pensamientos son energía que se mueve en la Consciencia. Y el sufrimiento tan solo es tu energía en un estado de vibración muy denso: por eso, entre más densidad, más rigidez.

Todo el sufrimiento que generamos viene de la mente. El dolor es real, y los sentimientos que surgen están grabados en su programación, haciéndote creer que es la vida misma la que crea el sufrimiento.

La verdad es que no hay otros ni otras. No existe un mundo afuera, independiente y separado de un mundo interno: el universo de afuera y el de adentro son uno y el mismo. Por eso te invito a mirar lo que sientes, sin juzgarlo.

Un ejercicio para mirar

Te propongo un ejercicio sencillo. Lo ideal es que otra persona te lo vaya leyendo despacio, para que tú solo tengas que mirar a través de la luz maravillosa de tu Ser.

Siéntate o acuéstate cómodamente. Respira suavemente y, mientras respiras, imagina que traes luz dentro de ti, con la cualidad de paz y tranquilidad. Inhala paz y tranquilidad, y exhala el estrés. Deja que tu psiquis, es decir, tus pensamientos y tus emociones, se calme primero.

No olvides que eres luz, amor y sosiego. Eres la ciudad, las calles, la gente, los carros, los trancones que tanto te estresan; eres también las montañas, las estrellas que titilan en el cielo, la lluvia que cae y la neblina que corona la frente de la tarde fría. Eres todo.

Lleva tu atención al cuerpo. Recórrelo desde la cabeza hasta los pies, despacio, sintiendo cada área con delicadeza de niño, como si fueras un fragmento de tierra sagrada, animada por la luz eterna de todos los soles del universo. Si hay alguna sensación que pida tu atención, reconócela. Suéltate. Deja ir todo sentimiento, emoción o pensamiento que acuda a ti.

Siente tu corazón y mira si hay algún sentimiento en particular. No juzgues nada, no pienses nada; deja que todo simplemente suceda. Luego observa tus pensamientos y reconoce su calidad, como cuando escoges flores en un jardín para llevarlas a tu lugar más sagrado. No los sigas ni los persigas: todo es energía en movimiento.

Hazte ahora muy consciente del sentimiento de separación, esa contracción que te hace sentir separado de los demás, de las cosas y del universo. Recuerda tu nombre. Ese nombre es el pegamento de toda tu psiquis y de tu personalidad: con él se va formando la idea de un individuo separado. Deja que tu mente, tu emoción, tu energía y tu cuerpo se vean como una película proyectada en una pantalla, y deja que el sentimiento de separación se disuelva en la luz del simple acto de observar.

Descansa en el sentido de vida, que es la consciencia misma. Tómate un momento para descansar de ti mismo.

El traje de otra persona

Ahora imagina que un ser querido está contigo en el cuarto, alguien a quien creas conocer. Imagina que puedes quitarte tu psiquis como si fuera un traje, y ponerte la psiquis de esa persona como si fuera otro traje.

Permítete ser esa otra persona. No trates de llevar tu experiencia a esa psiquis: sé esa persona. No juzgues, no pienses, no trates de imponer tus ideas ni tu forma de ver la vida. Deja que todo fluya con delicadeza, como una pluma que cae en el viento.

¿Qué se siente estar en ese cuerpo, pensar como esa persona piensa? Siente su manera de reaccionar emocionalmente, sus traumas y sus dolores, sus deseos y sus ambiciones. Sé esa persona en este punto de consciencia, aquí y ahora, en esta eternidad que florece para ti como una rosa nocturna de estrellados y dorados colores.

Ahora quítate el traje de esa persona y ponte el tuyo. Quizás lo sientas familiar. No te identifiques: solo sé consciente de ese traje, tan agradable para ti. Quítatelo, ponte el del otro de nuevo sin identificarte con él, y vuelve a ponerte el tuyo.

Y ahora te hago una pregunta muy simple: ¿cuántos seres hay? Solo existe un Ser. No son dos iguales, ni dos parecidos, ni dos unidos: son solamente uno y el mismo, la unidad en la diversidad. No hay otros diferentes a lo que Yo Soy aquí y ahora, eternamente.

Lo que se da cuenta

Las emociones van a seguir llegando y pasando, como llegan y pasan los pensamientos. Lo que cambia es que ahora sabes lo que son, y sabes quién las mira.

En mis libros comparto unas palabras para recordarlo: «Yo Soy el que se da cuenta de cada pensamiento. Yo Soy el que se da cuenta de cada sentimiento». Son una invitación a reflexionar, un llamado a hacernos más conscientes. No nacen de tu psiquis: fluyen desde ese rincón donde vive el corazón de la consciencia pura, desde tu verdadera esencia.

No se trata de repetirlas como un mantra, sino de dejar que broten espontáneamente en tu corazón. Después de decirlas, detente un segundo, quédate en silencio y siente el significado de cada palabra.

La próxima vez que llegue una emoción, no la rechaces ni te pierdas en ella. Mírala pasar. Y descansa en aquello que la mira, que sigue aquí cuando ella ya se ha ido.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: Deshojando el Corazón de la Eternidad · El refugio del corazón · Devoción · Iluminación