THE FLAME CODEX
MI’RAH

El cuerpo dentro de la Consciencia

Iluminación · Rama II · Lo que no eres

«La Consciencia no está en el cuerpo, es este el que se mueve dentro de la Consciencia, así como todo lo demás.»Del libro Devoción

Durante un tiempo viví en Islas Caimán, en un pequeño apartamento cerca de la playa. Me gustaba meditar a la orilla del mar. Debo confesar que me tomó tiempo acostumbrarme a cerrar los ojos allí, sentado en la arena; me inquietaba que algún curioso se acercara a mirarme. Con los días empecé a confiar, y terminé meditando en la playa como si estuviera en mi cuarto.

Una vez, meditando allí, me sucedió algo sublime. Con los ojos cerrados, era como si los tuviera abiertos. Abrí los ojos para comprobar lo que estaba viviendo, y aquello seguía ahí. Entonces me entregué a la sensación.

Empecé a mover la cabeza de un lado a otro, y me di cuenta de algo asombroso: la cabeza del cuerpo se movía, pero yo no me estaba moviendo. Yo ya estaba ahí, observando. Comprendí que el observador era mi propia Consciencia, que sostenía no solo mi cuerpo sino todo el entorno. El Observador no solo habitaba dentro de mí, sino más allá de la estructura limitada de mi cuerpo físico.

Me levanté y caminé. El cuerpo caminaba, pero yo no me movía. Cuando regresé a mi apartamento, seguía con esa sensación de no moverme, como suspendido en quietud, consciente de cada paso. El paisaje se movía dentro de mí.

Dónde termina el cuerpo

Fue entonces cuando comprendí dónde termina mi avatar, ese vehículo que es el cuerpo, y dónde empieza mi ser. Todo ocurría dentro de mí. Las imágenes, las texturas y las sensaciones que me daban los sentidos solo transmitían información de lo que estaba viviendo. Son una aparente modificación de nuestra Consciencia, que no cambia.

No es lo mismo verte atrapado dentro de tu cuerpo que ver el cuerpo dentro de ti.

Aunque viajes de un lugar a otro, y tu cuerpo viaje contigo, lo que realmente eres permanece y lo abarca todo. Así de profundo, así de simple.

Desde entonces quise habitar en el presente. Cuando manejaba, sabía que mi cuerpo se movía tan rápido como el vehículo, pero mi verdadera esencia permanecía quieta, conteniendo el espacio y la materia que usaba para transportarme. Esa presencia se volvió mi mejor amiga.

Hasta las estrellas

Un niño de siete años venía a mi consulta. En una de las sesiones me hizo una pregunta sobre el sentido de la vida, y yo le respondí con otra pregunta:

—¿Te sientes vivo?

—Sí —me contestó sin dudar.

—¿Y dónde termina esa sensación de vida? ¿En tu piel? ¿En tus pies? ¿En tus manos?

Negó con la cabeza, como si le hubiera hecho una pregunta tonta, como si yo fuera alguien tratando de enseñarle trucos a un niño más pequeño. Al fin me respondió:

—Va más allá.

—¿Qué tan más allá?

—Muy lejos —y estiró sus bracitos todo lo que pudo—. Hasta aquí.

—¿Y qué tan lejos es eso?

—No tiene fin. Llega hasta las estrellas y va más allá de ellas.

En medio de su inocencia, ese niño estaba percibiendo la esencia de lo que realmente somos. Nuestro cuerpo está contenido en nosotros. Es una verdad que no podemos razonar, porque la sensación de vida simplemente no tiene fin.

Haz la prueba

Te invito a que compruebes esto por ti mismo, ahora, mientras lees.

Mira a tu alrededor. Mantén tu atención en el testigo, que es el que realmente está observándolo todo. Lentamente, mueve tu cabeza de un lado a otro a medida que lees estas palabras. El cuerpo se está moviendo; tú no te estás moviendo.

Ahora mira rápidamente hacia la izquierda y hacia la derecha. Al hacerlo, te habrás dado cuenta de que el observador no se afecta por el movimiento, sea rápido o lento. El observador no se está golpeando dentro de los ojos. ¿Por qué? Porque existe antes de que lo físico se haya manifestado.

Esta consciencia siempre está ahí, mientras subes y bajas en un ascensor, e incluso cuando haces un viaje. Como nos hemos identificado con el cuerpo, siempre pensamos en términos de tiempo y de espacio, y nos vemos en movimiento, yendo de aquí para allá. La verdad es que nosotros no vamos para ningún lado.

No estás atrapado

¿Hay algún lugar donde tu presencia esté atrapada en tu cuerpo? ¿O tu presencia va más allá del cuerpo? ¿Hasta dónde llega?

Te diré que tu presencia no tiene límites. Tu Ser es absoluto. Todo pasa, y tu Ser es inmutable; siempre está despierto, porque Ser siempre es.

No estamos confinados. Se mueve tu cuerpo, pero tú, lo que realmente eres, no se mueve. Eres absoluto, por eso no te mueves; tan solo es la idea de moverse la que surge de tu consciencia. La energía se mueve en sí misma, pero tú no estás separado de esa energía: se mueve en ti, y todo es parte de lo que eres.

Esto no hace menos sagrado a tu cuerpo. El cuerpo que habitas no es un objeto, sino Consciencia en otra forma. La verdad de todo el universo es el espíritu mismo con forma, y es precisamente eso lo que prepara el escenario para vivir la experiencia, sin dejar atrás al Espíritu.

Mientras nos identifiquemos con el cuerpo, como si él fuera nuestro propio ser, vamos a heredar esa ignorancia en nuestras mentes. Tú eres consciencia, y cualquier otra idea de lo que eres es la que te hace sentir separado.

¿Dónde termina tu espíritu?

Cambiar esta perspectiva no es tan difícil. Deja de verte a ti mismo como ego y comienza a verte como espíritu. Ahora dime: ¿dónde termina tu espíritu?

Tu respuesta será tu forma de vida. Esta perspectiva te ayudará a ser más cariñoso, más comprensivo y más servicial con los demás seres humanos.

Aquel niño lo sabía sin que nadie se lo explicara. Tal vez tú también lo supiste alguna vez. Cierra los ojos un instante y siente hasta dónde llega la vida que eres. Tu cuerpo está ahí, dentro de ella, moviéndose en ti.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: Iluminación · Deshojando el Corazón de la Eternidad · El refugio del corazón · Devoción