THE FLAME CODEX
OHR’MAH

La sensación de vida

Iluminación · Rama III · El que observa

«La Consciencia no la produce tu cuerpo, ni tu cerebro, es el simple sentimiento de vida.»Del libro El refugio del corazón

Tenía seis años y estaba en primero de primaria. Un día frío y lluvioso, en Bogotá, la profesora nos explicó con mucha convicción que el cerebro era el órgano que producía la vida en el cuerpo. Yo, en medio de mi inocencia, me quedé con una pregunta: ¿cómo un simple pedazo de carne podría producir vida?

Esa noche me senté en el sofá de la sala, crucé las piernas y me puse a buscar la vida dentro de mí. Quería tocarla, agarrarla, entenderla con mi atención y con mi razón. Entre más lo intentaba, más se me escapaba. No se sentía nada físicamente, y sin embargo ahí estaba: aquí. No era un objeto ni algo que yo pudiera atrapar.

Después de un rato me di por vencido. Simplemente me relajé, cerré los ojos y me dejé llevar por esa sensación, sin perseguirla. Y entonces algo profundo se abrió en mí de manera natural: perdí la noción de mi propio cuerpo y estuve más allá de mis sentidos y de mi percepción.

Quise contarlo, pero no había palabras para decirlo. Cuando le conté a mi padre lo que me había pasado, me advirtió que no volviera a hacerlo, porque era peligroso, y yo dejé de investigar. Los adultos nunca entienden realmente las ficciones reales de los niños. Aun así, aquello marcaría mi existencia para siempre: fue la primera de las vivencias por las que la vida me ha ido conduciendo.

¿Dónde nace la sensación de vida?

Te invito a hacerte la misma pregunta de aquel niño. ¿Dónde crees tú que se origina la sensación de vida? ¿Cómo te das cuenta de que existes? ¿Qué te lo deja saber? ¿Está en tu cerebro, en tus sentidos?

O tal vez sea al revés: ¿será la vida la que está generando tu cerebro para que puedas tener esta experiencia?

Hemos reducido nuestra sensación de vida a una función química del cerebro. La mayoría de las personas se sienten atrapadas en sus propias cabezas, porque es ahí donde sienten el brillo de su lucidez, y creen que allí ocurre todo. Pero el cerebro es apenas una parte del cuerpo que interpreta la experiencia, como si tuviéramos puesto el casco de un juego de realidad virtual. Los sentidos son portales para que la psiquis perciba la energía.

Y aun así, eres tú quien se da cuenta de que eso está pasando. Eres tú quien se hace consciente de esa energía en la cabeza que recibe y procesa la información. Detente un instante y date cuenta de que tú seguirías existiendo sin esa vivencia. Es la vivencia la que no puede existir sin ti.

Un presente silencioso

Haz conmigo un pequeño experimento. Trata de pensar en algo que no tenga ni nombre, ni forma. ¿Es posible?

Cuando lo intentamos, lo más probable es que la mente quede en blanco. No hay respuesta. Solo queda el presente, aquí y ahora, percibido como puro silencio. Este presente silencioso es nuestra silenciosa presencia.

Imagina que pudieras extender ese instante un poco más. ¿Qué puedes percibir acerca de ti mismo en la ausencia de pensamientos?

Indiscutiblemente, tú continúas existiendo. No hay ningún pensamiento formado acerca de tu existencia: ella simplemente es. ¿Cómo lo sabes? Porque eres consciente de ella.

Esa consciencia no es un alma en forma de fantasma escondida dentro del cuerpo, nada de eso. No tiene su origen en la mente, ni en ninguna parte de la psiquis. Es la base de la existencia, y está antes que cualquier pensamiento, emoción o sensación. Antes de que algo aparezca en el umbral de la mente, la consciencia tiene que estar allí para darse cuenta de ello.

Si nacieras sin sentidos

Te hago una pregunta muy sencilla: si nacieras sin sentidos, sin pensamientos, sin sentimientos y sin ningún conocimiento, ¿con qué tendrías relación?

Con la Consciencia, que es tu esencia primordial: el sustrato y la base fundamental de lo que tú eres.

Después, al crecer, empezamos a relacionarnos con ideas y conceptos que nos forjan los sentidos, las formas de pensar y de sentir. Todas esas son relaciones con lo que está afuera, y ahí comienzan nuestros conflictos como seres humanos: se van formando velos que nublan la realidad y nos hacen creer que la verdad está fuera de nosotros. Pero no hay que ir a ningún lugar a buscarla. Está muy cerca de ti. Relaciónate con la vida, contigo mismo, con aquello que sigue siendo en ausencia de todos tus sentidos.

Las cinco caras de la vida

Ese sentimiento primordial de vida no es diferente al amor, a la paz, a la plenitud, a la armonía y a la felicidad. Estos no son simples experiencias que le podamos atribuir a nuestro Ser: son las cinco caras de la vida misma. Donde hay paz hay felicidad, donde hay felicidad está el amor, y donde está el amor está la Divinidad.

Por eso, cuando cierras los ojos y sientes simplemente que estás vivo, sin agregarle nada, estás en esa presencia donde no hay mente ni emoción, sino tan solo la esencia de la vida manifestada en ti. Allí solo hay plenitud y un único sentimiento de felicidad profunda, y te sientes realmente amado por la Divinidad. La consciencia es divina por esencia, siempre está presente detrás de cualquier experiencia de la psiquis, y siempre se reconoce a sí misma a través del sentimiento de vida.

Lo que la programación nos hizo olvidar

Desde niños nos enseñan a desconectarnos de esta verdad. Nos programan para buscar afuera lo que siempre estuvo dentro, y así nuestra presencia pasa totalmente desapercibida. Los sentidos nos llevan hacia afuera, la mente le pone nombre a todo, y nos olvidamos de quiénes somos en realidad: la presencia espiritual que nos permite tener el conocimiento primordial de que existimos.

Quisimos explicar la vida con lo que es orgánico y evolutivo, se la atribuimos toda al cuerpo físico, y así nació también la idea de la muerte. Ahí nació la más grande ignorancia: matamos con una idea lo que es realmente inmortal.

Pero eso que eres sigue intacto. Aquí y ahora hay una parte de ti que siempre es libre, indivisible, que va más allá del cuerpo y de la mente y que trasciende todos los sentidos. No importa qué limitación tengas: ya tienes un aspecto lumínico y divino. ¿Cómo podríamos crear divinidad, si la divinidad ya es divina? ¿Cómo agregarle algo a lo que ya es perfecto?

Recuerda

Recuerda que tú estás vivo porque eres consciente de ello. No importa lo que le pase a tu cuerpo o a tu mente: el sentimiento primordial de la vida sigue siendo el mismo. Es inmutable. Cada vez que escoges estar presente, libre de la identificación con los pensamientos que pasan, se abre en ti una puerta hacia lo nuevo y hacia lo mágico.

Aquel niño que se rindió en el sofá de la sala no encontró la vida en ninguna parte de su cuerpo. Algo se abrió en él cuando dejó de perseguirla y simplemente se relajó en ella. Ese mismo camino está disponible para ti, hoy, en este instante en que estás leyendo estas palabras.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad · Devoción