THE FLAME CODEX
OHR’MAH

¿Quién es el que está mirando?

Iluminación · Rama III · El que observa

«Si llega a ti la respuesta con una duda, es la mente la que la genera, no tú, el Observador de esa duda es lo que realmente eres.»Del libro El refugio del corazón

Ahora mismo, mientras lees estas líneas, hay alguien que lee. Las palabras pasan frente a tus ojos. Pasan también los pensamientos y los sentimientos, que vienen y van. Pero detrás de tus ojos hay un observador que se da cuenta de todo eso, como lo hay detrás de los ojos de cualquier persona o animal.

Te dejo una pregunta muy sencilla, y te pido que no la respondas con la mente: ¿quién es ese observador?

Si no encuentras la respuesta, no te sientas frustrado. Con solo llegar en este instante a la comprensión de estas palabras, ya estás corriendo un velo más que te lleva hacia ti mismo.

Un testigo que nunca se perturba

El testigo es un observador que no participa. Se da cuenta de que hay un cuerpo que se mueve y cambia, de cómo surgen los pensamientos y los sentimientos, pero nunca se perturba, sin importar la experiencia por la que estés pasando. Siempre está ahí, simplemente existiendo.

Yo Soy. Yo existo.

Al identificarnos con la mente hemos creado una falsa idea de quiénes somos, y la mente sigue buscando, creyendo que ella es alguien. Pero quien le da personalidad a esa mente eres tú, tu verdadero Ser. Descubrirlo no es un acto racional; por eso siempre ha pasado desapercibido para la mente.

Y no creas que vas a ser un testigo desde la perspectiva de tu cuerpo: el Observador es la Consciencia. Establecer una conexión con él es darte cuenta de que el Observador siempre estará ahí.

Detrás del velo

Es precisamente de este testigo de quien deberías estar consciente de manera permanente. Es una de las observaciones más importantes si lo que buscas es crecer espiritualmente, porque te evita caer en las garras de la rutina, de los falsos gurús y aun de la misma racionalidad.

Al ego le cuesta aceptar que la verdad le es natural. Como la mente no puede procesar esta revelación, la busca desesperadamente por todas partes, y así algunos se vuelven adictos a experiencias ajenas y confunden a las personas y los objetos con la verdadera espiritualidad. Muchos se han dejado llevar por la idea de que deben buscar su Ser, sin comprender todavía que el Ser somos nosotros mismos. Entonces, si tú eres tu Ser, ¿qué buscas?

No hay peregrinaciones, ni metas, ni maestros con una espiritualidad propia, porque el espíritu es la divina presencia del Yo Soy. No es algo externo: es eterno y perfecto, y la eternidad y la perfección son naturales en nosotros. Es la mente la que no tiene la capacidad de comprenderlo.

Cuando interiorizas esta observación, se levanta el velo que ocultaba algo muy simple: lo superficial no es permanente. Y se revela lo que de verdad permanece: el testigo, el Ser, nuestra Consciencia. Ese testigo es, en realidad, la presencia de Dios. Él mismo te hace vivir.

Dios vive en mí

En mi caso, llegó un momento en que comprendí que no sabía nada, y simplemente me dejé caer en Su gracia, entregándome a todo aquello a lo que la vida misma me iba llevando. Me di cuenta de que, sin importar dónde estuviera, esa presencia siempre permanecía. Comprendí que Dios vive en mí y que, a dondequiera que me moviera, Él siempre estaría conmigo.

Dios es omnipresente: nos habita a todos como el Ser que nos ha dado la vida, y es omnisciente, porque lo sabe todo. Por eso, cuando reconoces al testigo, es probable que desde lo más hondo de tu alma surja un sentimiento de devoción, de conexión y de relación con el Padre-Madre.

Lo bueno y lo malo

Cuando en el día a día ocurren cosas que nos inquietan, nos perturban o nos alteran, lo aconsejable es mantenernos presentes como el observador y protagonistas de la experiencia, sin dejarnos llevar por ella ni identificarnos mecánicamente con ella. Antes, durante y después de la experiencia, seguimos siendo los mismos.

Mira tu propia vida. Ese observador silencioso que siempre está ahí, ¿ha cambiado su manera de percibir el mundo a través de los sentidos? ¿Ha sido modificado por los malos tiempos, por los buenos tiempos, por los periodos de salud o de enfermedad?

Cuando te sintonizas con esta verdad, que eres tú mismo y que fluye de lo más profundo de tu corazón, te llegan la armonía y la paz interiores como un bálsamo que te cura de tus alocadas alteraciones emocionales o mentales. No se genera la fricción, porque estás fluyendo desde tu Ser.

Siendo la consciencia absoluta, no la puedes llevar a ningún lado; solo cambia la dirección de tu atención. Cuando te golpeas el dedo más pequeño del pie, todo tu cuerpo cojea, porque tu atención está en el dolor, y tienes que llevar amor y cuidado a ese dedo lastimado. Eso es justamente lo que hace tu Ser: llevar amor hacia aquello que está en dolor. Tu Ser siempre querrá sanar esa parte finita de ti, llevando luz hacia aquello que está en oscuridad.

Recordarlo en medio del día

Hay maneras muy sencillas de volver al testigo. Puedes invocarlo con frases sencillas que nacen del corazón, diciéndolas con presencia:

Yo soy el que es consciente de todo.

Yo soy el escenario donde todo ocurre.

Cada vez que integras una nueva percepción, tu vida cambia. Todo ocurre aquí, viviendo en el ahora, siéndole fiel a aquello que has comprendido.

No olvides que nada está afuera ni es diferente a ti. Cuando se dé la trascendencia del Ser, seguirás siendo tú, pero en un nivel de claridad. Vuelve al testigo tantas veces como puedas en medio de tu día: siempre está ahí, simplemente existiendo.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: Iluminación · Deshojando el Corazón de la Eternidad · El refugio del corazón