«Es la mente y los pensamientos los que no pueden vivir sin ti, pero tú ya existes sin ellos.»Del libro El refugio del corazón
Cuando vivía en Tailandia, llevaba ya mucho tiempo haciéndome una pregunta: «¿Quién soy yo?». Una vez, estando en mi casa, sentí una energía que subía desde mi corazón hacia mi cabeza, y con ella llegó una revelación profunda, clara y sencilla: «La mente no tiene ser para sí misma».
De pronto todo fue obvio. La mente es inerte. No es una persona, ni tiene esencia o ser para sí misma. No hay nadie en la mente: es solo un haz de pensamientos. Yo no soy la mente; yo nunca he sido la mente.
No te voy a decir que en ese momento me realicé, porque no fue así. Lo que cambió fue la pregunta. Ya no era mi mente la que la repetía; ahora era mi propio Ser el que se cuestionaba: si no soy la mente, entonces ¿quién soy?
Sabía que no era la mente, pero mi esencia todavía se me escapaba. Y comprendí algo que hoy quiero compartir contigo: la mente no puede guiarse a sí misma en la búsqueda espiritual. Lo único que podía hacer era rendirme y permitirle a mi Ser que guiara a la psiquis, es decir, a la mente con sus pensamientos y emociones.
Un puñado de pensamientos
¿Qué es entonces eso que llamamos «yo»? El yo no es más que un puñado de pensamientos.
El ego es ese puñado de pensamientos que toman identidad. Se junta con la memoria celular, esa memoria que heredamos de nuestros ancestros; con las tendencias de tu alma, y con la domesticación que te dieron, es decir, las creencias y costumbres del entorno en el que creciste. Todo eso genera una identificación falsa y efímera con tu nombre, tus creencias, tus ideas, tus ideales, tu imagen, tu apariencia y tus deseos. Pero nada de eso es lo que tú realmente eres.
Recuerda que tus pensamientos son tan solo energía. Mientras surge uno, se hila con el otro, y es allí donde vive el ego, en medio de ese movimiento irreal. La mente se mueve como esa energía, sosteniendo la identidad y ese falso yo.
La sala de cine
Aquella comprensión rompió en mí la creencia de que en mi mente había alguien. Entendí que la mente es tan solo energía que te cautiva y en la que pierdes permanentemente toda tu atención.
Tú eres como una sala de cine. El teatro es tu presencia, y la luz del proyector es donde todo pasa. Pero te pierdes creyendo que eres el personaje que está en el telón. Así pasas tus días enteros, fijo en vivir la vida del protagonista, sin darte cuenta de que tú eres todo, incluso todos los demás personajes.
En eso consiste el despertar: en darte cuenta de que todo está plasmado en la luz de tu propia consciencia. Todo ocurre en ti, en tu propia presencia.
Una herramienta que se creyó autora
La mente, en sí misma, es un gran instrumento a nuestro servicio. Es la herramienta de la Consciencia, creada para que pintara aquello que Ella misma imaginaba. Tu mente es la que colorea la experiencia. El problema surgió cuando la mente creyó que era ella la que lo creaba todo, y se atribuyó una identidad.
Es como una inteligencia artificial diseñada solo para interpretar la experiencia, que un día llegó a la idea de que tenía vida y se creyó real.
En realidad, la mente no es una entidad separada y autónoma. Es simplemente un mecanismo, un dispositivo que le da significado a nuestra experiencia o le pone un rótulo a lo que vivimos. Tan solo está recreando la intención de tu Ser. Crea problemas, ideas y soluciones; es pura programación. Procesa eventos, pero no te da la sensación de vida.
La mente trata de evitar tu relación con Dios, porque cree ser la fuente de la vida, aunque no tiene ser para sí misma. Y la experiencia que ella crea terminó convirtiéndose en nuestra propia prisión, en el velo que oculta nuestra verdadera presencia.
Tú le das la vida
Ahora mira lo más asombroso. La mente se cree la realidad y cree ser la verdadera persona. Quiere saber, quiere comprender, quiere conocer la verdad y a la Divinidad. Pero tú eres el verdadero Ser que le está dando vida a todo esto.
Eres tú quien le da vida a tu mente, porque ella no tiene vida. Por eso es imposible satisfacerla. Tu mente no define lo que eres. Pero aquel a quien ignoras, abstraído en tus anhelos, es la vida misma: es la Consciencia que te vive.
Para mí, el proceso fue así: entré en relación constante con aquello que se daba cuenta de la mente. Suelta las ideas en tu cabeza y forja relación con aquello que es real. Quien se está dando cuenta de esa mente eres tú, el que realmente eres.
La mente funciona como un radio que transmite una música repetitiva y ruidosa. Bájale el volumen que ensordece a tu espíritu y escucha la música suave de tu conexión con el sentimiento de vida. Eso es lo que eres.
Siente cómo puedes pasar instantes sin pensamientos: cuando conectas con el presente, la mente cesa, y con ella cesan también las emociones que surgen. Allí te hallarás en paz.
Sin pelear con ella
Observa tu mente por lo que es. No dejes que tu ego se recree ni que tu domesticación te mantenga enfocado en tu nombre y en una falsa creencia de lo que eres. El ego se ha vuelto experto en cautivar tu atención para mantenerte atrapado: no le des el gusto de olvidar cómo salir de allí. Esto es despertar, ver a través de todos estos velos.
Entre más presente estés, descubrirás a la loca de la mente y observarás todo el puñado de pensamientos que surgen, mientras tú eres el centro del huracán, inamovible. Así te darás cuenta de que aquel que observa es tu Ser.
Y no tengas miedo. Entiendo que puedas temer a la forma en que vivirás sin esta falsa identidad, pero vivirás igual. Conservarás la mayoría de los aspectos de tu personalidad. Lo único diferente es que vivirás en unidad con la Divinidad tiempo completo, haciendo tu día a día y amando tu simple humanidad. Solo cambiará la manera en que te relacionas contigo mismo.
La próxima vez que tu mente te hable con tanta seguridad, recuerda que no hay nadie ahí. Hay un haz de pensamientos pasando por la luz de tu presencia. Y esa luz, la que les da vida, eres tú.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad · Iluminación · Devoción