«¿Cómo vas a poder amar a Dios y a la vez tenerle miedo? Es imposible, cuando el miedo es lo opuesto al amor.»Del libro Devoción
Imagina cuánto amor necesita un Ser para crear otro ser que pueda decidir no amarlo. Así te ama Dios. Te hizo libre, tan libre para hacer el bien como para hacer el mal, y nunca te forzará a que lo ames. Al final, esa siempre será tu propia decisión.
Y sin embargo, a muchos nos enseñaron a tenerle miedo. Algunas enseñanzas dicen incluso que debemos temer a Dios. Yo me pregunto: ¿cómo puede uno amar a alguien si le teme? Si Dios es la expresión más pura y divina del amor, ¿por qué Él quisiera que le temieran?
Donde hay miedo, el amor no cabe
El miedo es justamente lo que nos lleva a actuar con violencia, con ignorancia, y a crear más dolor. Siempre tenemos miedo de que algo nos sea arrebatado: nuestras cosas, aspectos de nuestra personalidad, nuestra dignidad. O nos vemos frente a aspectos de nosotros mismos que sabemos que necesitamos cambiar, y nos resistimos porque no estamos listos.
Para llegar a vivir el amor, tienes que ser amor. Y si eres amor, ¿dónde tendría cabida el miedo? Entre menos miedo le tienes a Dios, porque lo estás amando, más te entregas a Él y más le permites ser en ti, mientras tu ego y tu mente ocupan cada vez menos lugar. Eso es devoción.
La verdadera devoción es permitirte amar a tal nivel que estés dispuesto a disolverte por completo en ese amor, libre de velos, de restricciones, de ideas o sentimientos que te separen de tu verdadera esencia. Sería imposible llegar a eso si le temes.
Un temor aprendido
Quienes temen a Dios es porque no lo conocen. Pero cuando te das cuenta de que es Dios quien te habita, ¿cómo vas a vivir en paz temiéndole a quien vive en ti?
Este es el miedo más sutil y profundo que nos agobia: enfrentar todo el poder innato que tenemos, toda esa luz y esa benevolencia que sobrepasan nuestra mente. Por eso sentimos miedo de nosotros mismos.
Entonces, ¿de dónde salió el temor a Dios? Pregúntate dónde está la duda: ¿en tu corazón o en tu mente? Surge en la mente. A lo largo de la historia ha rodado tanta información llena de conceptos sobre lo que Dios es y lo que no es, y sobre lo que tú eres o no eres, que terminaste aceptándola. Al identificarte con la mente, esas ideas se hicieron tuyas, y de ahí surgió el temor a Dios: simplemente la idea de temerle a algo que no se conoce.
Nos hicieron creer que Dios es un ser distante y externo, un juez despiadado y un verdugo implacable. Eso no es verdad. Es una idea que aprendimos, y ha llegado el momento de dejarla atrás. En el fondo, la que tiene miedo de ser destruida es la mente. Cuando reconoces que Dios vive en ti, esa duda pasa a segundo plano.
El virus de la culpa
Hay algo más que nos aleja: la culpa. Sientes que tu esencia está fuera de tu alcance porque crees que no estás lo suficientemente preparado para la dignidad que supones que ella exige. La mente es la principal distribuidora del virus de la culpa. Te hace sentir que no mereces el amor de Dios, mucho más allá de tus defectos, de tus limitaciones o incluso de tus pecados.
Así se envenenó nuestro corazón. Pero fíjate bien: no es Dios quien se aleja. Si no logras sentir su amor, es porque tú te apartaste de esa relación. Pusiste tu atención en lo que está afuera y le diste la espalda a lo que estaba más cerca de ti, tu propio Ser.
No es Dios quien tiene que pedir perdón por tu ignorancia, tu vanidad o tu orgullo. Él está esperando tu regreso.
Imagina cómo te ve Dios: eres su criatura más sublime y más amada. Nos dio todas sus cualidades y todo su poder para que también pudiéramos crear. No creó sirvientes, sino hijos divinos, cocreadores como Él. ¿Existe algún hijo que no sea digno del amor de su madre? Como hijo de Dios, tú eres digno de su amor.
Tu corazón es el templo
Tu corazón es el único templo ante el cual deberías arrodillarte, y puedes hacerlo gratis. Es un santuario íntimo para estar a solas con Dios, sin intermediarios. Él no te cobra nada más que amor. Ese es el Dios que se esconde detrás de toda tu vida, amándote, protegiéndote, cuidándote.
La vida misma te lo muestra. Nos da mucho amor cada día, más allá del sol, del agua y de los alimentos. Aun cuando te equivocas cientos de veces, la vida siempre te acoge y te protege. Aunque sientas que no te da lo que quieres, te está dando lo que necesitas, y justamente ahí está el amor. El universo te ama, no lo dudes ni por un instante.
Esta relación no admite contradicciones. No puedes odiar a los demás mientras le pides a Dios que te ame, ni desearle mal a alguien y rezar para que a ti todo te salga bien. Y conocer tu esencia no quiere decir que puedas hacer lo que te plazca. Cuando llegas a conocer tu centro, nunca más vuelves a herir a nadie ni a guardar rencor en tu corazón.
Sal del miedo
La única manera de superar estas limitaciones es enamorarte de tu relación con el Padre, enamorarte de quien eres y aceptar tu humanidad. Eres mucho más que una persona llena de deseos, rencores y errores. Eres una presencia divina que está aquí para amar y transformarse, porque esa es tu verdadera esencia.
Mi invitación para ti hoy es que pases del pensamiento a la vivencia. Entrégate y disuélvete en tu propia luz, que es la misma luz de Dios. Sal del miedo y confía en la vida. Libérate de la sensación de no merecer esta relación: mientras estés vivo, Dios es tu compañero eterno, y siempre está esperando a que te adentres en la divinidad que eres.
Cuida esta relación y entrégate a ella. Siempre estará abierta para ti: es gratuita, sencilla y está a tu alcance. Así de simple. Está disponible para ti.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: Devoción · Iluminación