«Tu relación más pura con Dios es la manera como te tratas con los demás.»Del libro Devoción
Una vez, mientras meditaba, Dios vino a preguntarme qué quería. Mi respuesta fue: «Nada, absolutamente nada». Y la pregunta volvió: «¿Qué es lo que quieres?». Entonces la respuesta salió corriendo, de repente, desde el rincón más profundo de mi corazón: «Lo que quiero es que Tú estés en mi vida».
Comprendí que todo lo demás que yo hubiera podido desear me parecía ahora completamente pasajero. «Quiero lo que Tú quieras para mí», le dije, «porque estoy seguro de que tu sabiduría, tu plan y tu visión son inmensamente más grandes que cualquier cosa que yo hubiera podido querer para mí mismo». Eso me hizo sentir confiado y plenamente conectado con Dios. La entrega me llevó a la certeza de que Dios me ama y me cobija.
El Ser Cósmico nos creó para ser extensiones de su alma, así como nuestros hijos son la extensión de la nuestra. ¿Qué tan grande puede ser el amor que Dios siente por sus hijos? Él quiere lo mejor para ti, porque es un padre.
De la creencia a la vivencia
Creer en Dios es muy distinto a tener un conocimiento pleno de quién es Él. El conocimiento es aquello que viene de tener una experiencia directa desde nuestra Consciencia; la creencia es simplemente la aceptación de una posibilidad. Por eso te sugiero que trasciendas de la creencia al conocimiento, y que lo hagas con la herramienta primordial de la devoción.
Vivenciar la devoción es tener una relación con Dios, no con el concepto de Él, no con la idea de Él, sino con una verdadera vivencia en Él. No puedes negar que Dios está en ti, porque Él es tu propia vida. Permite que esta vivencia ocurra en ti, y estarás siempre en Dios, no importa qué.
Pregúntate entonces: ¿a quién eres devoto? Si eres devoto de Dios, eres devoto de ti mismo, porque no hay un Dios fuera de ti. Esta relación es contigo mismo, pero no en forma narcisista; es todo lo opuesto.
Como tratas a la vida, así tratas a Dios
Si la vida que nos contiene es Dios, te pregunto: ¿cómo tratas a la vida y a aquellos que se encuentran en tu entorno? Tu respuesta te dirá cómo tratas a Dios. ¿Cuánta bondad hay en tu corazón para tus congéneres, sin importar cómo sean ellos? Esa es la cantidad de bondad que le expresas a Dios.
Así como te comportes con la vida es como te comportas con Él, el Padre y Madre Divinos. Y así como seas con la vida, así mismo la vida te corresponderá.
Comprendo que no es fácil. Nos percibimos a través de la mente, y es con ella con la que juzgamos: le atribuimos a una persona un concepto para decidir si es buena o mala, o la calificamos según cuánta gratificación o cuántos beneficios nos ofrece. Así consideramos a los que son dignos e indignos de nuestro aprecio. Y olvidamos que toda persona que aparece en nuestra vida es parte del escenario que nosotros mismos estamos generando en conjunto con Dios.
Si dices ser devoto de Dios, tienes que comprender que Él está en todas partes. No hay lugar donde Él no esté. No hay que ir a arrodillarse horas a un lugar a rezar si al salir tratarás a tus congéneres con indiferencia u hostilidad. No puedes profesarle tu amor a Dios en la intimidad de tu casa y luego, apenas cruzas la puerta, actuar como un antagonista.
Y aunque te justifiques porque los demás tampoco ven a Dios en ti, lo importante es que tú sí lo veas. De otra manera estarías siendo igual a aquellos que crees indignos de tu benevolencia. Esta relación no se da a puerta cerrada en tu casa, sino en tu relación con todos a tu alrededor, reconociendo a la divinidad en cada uno y tratándolos con benevolencia y compasión.
Sin rituales ni intermediarios
Si tu verdadera esencia es amor, ¿de qué forma necesita crecer tu alma? Sosteniendo, manifestando y transmitiendo el amor. No necesitas conocimientos ni poderes, solo vivenciar el amor, sin rituales ni mantras, libre de dogmas e intermediarios.
No importa que medites durante horas, que peregrines a lugares sagrados o que practiques ritos milenarios: la iluminación llegará por gracia. La misericordia de Dios te alcanza a través de tu dedicación y tu amor, siendo un buen ser humano y practicando la gratitud. En lo personal, ejerzo a diario ese amor y esa devoción viendo en cada persona una expresión de Él, sin rendirle devoción a alguien o a algo en particular, porque todo a nuestro alrededor es la representación de la Divinidad.
Para desarrollar devoción, puedes doblegar tus conceptos e ideas, tus deseos y anhelos, y solo permitir que el silencio esté allí. Ese es el acto devocional más grande que podrás hacer. Aunque te pongas de rodillas frente a cualquier altar, si tu mente está haciendo compras no te estarás entregando de verdad. Solo en el silencio permitirás que Dios sea.
Él no te ignora
Nos hemos acostumbrado a pensar que es al revés: que Dios nos ignora o que tiene mejores ocupaciones. Pero en realidad eres tú quien lo está ignorando, pasando el día entero sin percatarte de la divinidad que te vive y que espera por ti para que te des cuenta de que siempre está ahí. No esperes a que algo pase. Solo entra en relación: eso es devoción.
La verdadera relación con la divinidad consiste en rendir toda idea o concepto de tu mente y entregarte al amor y a la compasión. El escenario más grande que tienes para ello es tu propia vida. Si el mundo está lleno de algo hoy por hoy, es de escenarios para ejercer compasión y amor hacia el prójimo, es decir, de espacios para servir a Dios.
En cada suspiro
Esta es una forma de vida basada en tu luz y en tu claridad. Aquí no hay técnicas: tan solo aprende a vivir a la altura de reconocer a Dios en ti y en todos.
Tú, que te desvives por encontrar felicidad, paz, amor y a Dios, te diré que está ahí, a tu alcance y al alcance de todos. En cada suspiro y en cada parpadeo está disponible para ti. Todos pueden acceder a esa posibilidad; todo lo que necesitas es quererlo.
Aquella vez, cuando Dios me preguntó qué quería, la respuesta salió del rincón más profundo de mi corazón. Esa misma relación te está esperando. Te invito a vivir en ella.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: Devoción · Iluminación