THE FLAME CODEX
QIR’NOH

Yo Soy en la forma

Iluminación · Rama VII · El despertar y la vida después

«Yo Soy eso y Yo Soy esto; no hay nadie más; no soy una cosa en particular; aun así, soy todas las cosas.»Del libro Deshojando el Corazón de la Eternidad

Había salido a pescar con un amigo jamaiquino en las islas Caimán, en ese mar que siempre he amado porque me cautiva su grandeza e infinitud. Sacamos unos peces que hacían un ruido curioso al salir del agua. Al regresar, él se puso a cocinarlos y yo me fui al muelle. Era de noche y la luna iluminaba el mar.

Lo que pasó allí resolvió un dilema que todavía quedaba en mí. Pero para contártelo tengo que empezar un poco antes.

Testigo de todo

Mi primer despertar consistió en realizar que Yo Soy pura consciencia. Me sentía testigo de todo lo que vivía y sentía. Pero en lo profundo de mi consciencia todavía quedaba un dilema: si soy consciencia, entonces, ¿este cuerpo qué es? No era un proceso racional. Surgía de manera sutil e intuitiva, y me llevaba a cuestionar la realidad de mi cuerpo y de todo lo que vivía.

Una vez que llega la gracia de la realización, el siguiente paso es la integración: darte cuenta de que todo este mundo material y físico también es parte de ti. Para mí, ese paso llegó en las islas Caimán, cuando de verdad encajé en todo esto.

¿Por qué no permitirme ser humano?

Hasta que una comprensión muy sencilla cambió toda mi perspectiva: nada es permanente, entonces, ¿por qué no permitirle a mi Ser la experiencia de ser yo? Si Yo soy eterno, absoluto, si soy la Presencia Divina, ¿por qué no permitirme ser un ser humano, mortal y mundano?

Era como darle validez a mi experiencia humana, con todo lo que eso significa para un espíritu encarnado. Permitirme ser mi ser era como tomarme una aspirina para un dolor de cabeza. El conflicto entre el Uno y el Otro comenzó a desvanecerse.

Yo sabía que tenía que haber una resolución, y que llegaría en el escenario apacible del corazón. No dependía de la mente ni de ninguna técnica, ni siquiera espiritual. ¿Cuándo pasaría? Cuando estuviera listo para ello. Era una respuesta que salía desde el fondo de mi alma, cuestionada y enamorada de la verdad.

La noche en el muelle

Unos meses después de mi despertar llegó aquella noche. Empecé a sentir algo extraño en el pecho, como si mi corazón cayera, como si perdiera el piso. Pensé que era un mareo por el bote, pero supe que era algo profundo dentro de mí, un proceso de naturaleza espiritual. Entonces me relajé y confié plenamente en mi ser.

En el muelle, de pronto sentí que mi corazón se abría como un agujero infinito, un punto sin fondo en la mitad del pecho que, aun así, no era nada material. Me detuve a contemplar el paisaje nocturno, y mi propio Ser se abrió hacia el frente. Mirando el mar, sentí que un nudo se soltaba frente a mi corazón, y la consciencia se movió hacia adelante.

Mi ser estaba renaciendo en este mundo físico. Me sentía fusionándome con todas las cosas y con todos los seres, en una compenetración a la altura del corazón. En ese momento rompí con la sensación de dualidad. Mi corazón reconocía que toda la creación, incluso mi propio cuerpo, también era parte de mi consciencia. Me di cuenta de que las cosas son para la consciencia lo que el hielo es para el agua.

Yo Soy en la forma.

Como el hielo y el agua

Ya no era solo el testigo que lo vivía todo. También aceptaba y reintegraba como parte de mí todo lo que estaba a mi alrededor. Todo era parte de mí y yo era parte de todo; ahora todo encajaba dentro de mi ser.

Sentía una claridad prístina, sin dilema alguno. Me sentía completo. El dilema de separación había sido resuelto. Yo Soy completo y soy Unidad.

El hielo tiene forma, y sigue siendo agua. Así son las cosas para la consciencia, y así es tu cuerpo para tu Ser.

Después mi mente empezó a racionalizar lo que había vivido. Comprendió la revelación de que yo era parte del universo y de que la Divinidad era la esencia de mí mismo, así como que el humano que estaba viviendo esta experiencia era profundamente ignorante. Es nuestro Ser el que sabe, el que realiza y rompe con toda esta dualidad, no la mente; nuestra parte humana es incapaz de comprender y razonar toda esta vivencia de quienes somos. Esta vivencia de unidad es imposible razonarla desde la cabeza. Se da mediante un proceso.

Algunos yoguis realizados prefieren asumir toda esta materialidad como algo ilusorio. Y aunque eso es cierto, también lo es que todo lo que vivimos es energía que hemos creado como parte de nosotros mismos, y por eso también es parte de nosotros. Porque si no, ¿de dónde surge todo esto?

Permítete ser humano

Este proceso no terminó en ese muelle. Aun mientras escribo estas palabras, el proceso se sigue desarrollando, cada día en dimensiones más sutiles de mí mismo. La vida siempre me trae lo que hace falta para seguirlo, día a día, momento a momento.

El sentimiento de separación se ha desvanecido, y una sensación de paz penetra cada vez más cada instante de mi vida. A medida que más velos se corren, es mayor el aprendizaje y la sensación de pertenencia con el mundo y con el universo. La paz está ahí, refrendando mi vida.

Entre más aceptas y amas tu humanidad, más disuelves la idea de separación. No es necesario que te conviertas en santurrón; lo que necesitas es claridad y compasión. Eso te llevará a ser una persona íntegra y devocional.

Así que no huyas de tu cuerpo ni de tu vida de todos los días. Permítele a tu Ser la experiencia de ser tú.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: Deshojando el Corazón de la Eternidad · El refugio del corazón