«Prepararte para morir es estar en claridad viviendo en el presente.»Del libro El refugio del corazón
Hay momentos en que mi esposa me encuentra en silencio y me pregunta qué estoy haciendo. Mi respuesta es «preparándome para morir».
Puede sonar extraño, pero no lo digo por una inclinación morbosa ni desagradecida. Lo digo sinceramente, porque así debemos vivir cada día: preparándonos para morir, cultivando esta relación con Dios, sin esperar al final del día o a un evento trágico para pedirle que se acuerde de nosotros.
Lo que muere y lo que no
Preciso aclararlo: lo que muere es este cuerpo, que no es más que energía. Tú siempre estarás vivo. El miedo a morir surge de la ignorancia, porque no tienes la certeza de que permanecerás vivo cuando tu cuerpo ya no esté.
La generación de esa ignorancia fue nuestra. La Divinidad nos dio libre albedrío para jugar con todo nuestro poder y nuestra capacidad de crear, hasta que quedamos atrapados en el juego que nosotros mismos inventamos inocentemente. Pero Dios sabe de la ignorancia en la que hemos caído, y en su amor nos libera de ella.
La Presencia que eres tiene que ver solamente con el ahora. En tu presente está la Consciencia Divina, que es inmutable: no puede ser alterada por ninguno de tus sentidos ni por ninguna experiencia. Todo puede cambiar, menos tu Presencia, que es Divina tal y como Es. No hay nada que le puedas añadir para que sea perfecta.
Detente ahora un instante y siente dentro de ti lo que acabas de leer. Siente cómo el ahora penetra las fibras de tu corazón. Silénciate con tu respiración, percibe solo este momento presente y siente cómo nada altera la Divinidad en ti.
¿Dónde quedaría atrapada tu mente?
Prepararse para morir, entonces, no tiene nada de sombrío. Es vivir claro, aquí y ahora. Hazte esta pregunta con honestidad: si justo ahora murieras, ¿dónde quedaría atrapada tu mente? ¿En qué pensamientos? Si murieras sin estar claro, seguirías atrapado en las ideas erróneas que tengas acerca de lo que es el Espíritu y la Divinidad.
Desde siempre nos hemos hecho las grandes preguntas: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿por qué existimos? Pero ¿cómo responderlas, si son preguntas limitadas por parámetros mentales? La mente no tiene las respuestas. Por eso hay que volverse hacia el observador, el testigo, que no es otro que nuestra propia consciencia. Ahí está el comienzo de todo.
La Consciencia tiene en su naturaleza trascender el tiempo y el espacio, y nada de lo que surge en el tiempo y en el espacio podría ser la realidad. Si sacamos el tiempo y el espacio de la ecuación, las preguntas inmortales quedan respondidas en el Eterno Presente. La consciencia brillaría por sí sola, y todo dilema desaparecería.
Es el ego, ese falso sentimiento de ser alguien separado, el que proyecta un pasado y un posible futuro. Solo cuando doblegamos nuestras tendencias mecánicas y egoicas podemos relajarnos lo suficiente para ver con claridad aquello que es muy simple y obvio acerca de quiénes somos realmente.
Sin rechazar el cuerpo
Ejercita tu claridad en cada instante, pero no como un esfuerzo. Todo lo contrario: como una rendición plena en tu presencia. La mente te aleja permanentemente de tu presente, de tu ahora, de tu vida. Y no olvides que este humano también eres tú.
A lo largo de los tiempos, algunos yoguis han considerado este cuerpo como una limitante. Pero ¿cómo podrías rechazar este cuerpo, si también ha surgido de la Consciencia como algo finito y mortal? Sigue siendo parte de tu espíritu.
Cuando estás en la mente estás en el exilio, porque la mente es inerte; tu cuerpo, en cambio, sí tiene vida. Tu espíritu ha tomado forma física, pero es tu mente la que te ha limitado en la mortalidad y en lo finito. Observa tu existencia de arriba hacia abajo y no al revés: es la Consciencia la que se ha manifestado en esta experiencia, y tu cuerpo es su vehículo. Por eso debes favorecer siempre la vida, viviendo presente, en unidad y comunión con todo.
Tu claridad está en vivir que eres uno con todo y que, aunque tu cuerpo es finito y mortal, es parte de lo que tú mismo, como Ser, has escogido vivir. Cuando el cuerpo muere, en realidad se disuelve en ti, en la Consciencia, porque fue manifestado por ti para vivir esta experiencia humana.
¿A dónde te irías?
Cada vez que miras por tu ventana estás viendo tu mente. Ella no está atrapada en tu cerebro: está en todo lo que percibes y en cada sentido que te da información. Es un mundo que se ha superpuesto a nuestra consciencia y que por ignorancia creemos real; y como si eso fuera poco, además nos sentimos separados de él. Eso es mente, y ahí es donde estás atrapado. Pero ¿cómo te liberas de esta prisión?
Cada objeto y cada forma es una aparente modificación de la Consciencia; todo ello es Espíritu en forma. Cuando observas todo como una modificación de ti mismo, de tu Ser, ves a la consciencia en todo, en el Yo Soy. El cielo existe dentro de ti, y ese cielo es la claridad que te libera.
La mente, al crear la materia, también te hace creer que estás separado del espíritu, pero esa es solo una idea errónea: no la alimentes. No permitas que algo inerte confine tu realidad y tu existencia. Al despertar te darás cuenta de que no eres esta programación colectiva.
Al morir, entonces, ¿a dónde te irías? ¿Cómo podría haber un lugar para donde irse, si tú existes en todo? No te dejes atrapar en este camino lineal de tiempo y espacio. Usa tu tiempo y tu vida de la mejor manera posible, porque es precisamente en esta vida donde se te está dando la oportunidad.
No lo pospongas: nada ni nadie te garantiza que mañana estarás aquí. Cultiva hoy esta relación con Dios, favorece siempre la vida y vive cada instante y cada momento en el ahora.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad