THE FLAME CODEX
QIR’NOH

El santo con hijos, trabajo y deudas

Iluminación · Rama VII · El despertar y la vida después

«El verdadero santo es el que vive en torno a Dios, de manera mundana, con una pareja, hijos, trabajo y deudas.»Del libro El refugio del corazón

Cada día me siento a meditar. Mis meditaciones consisten tan solo en sentarme y entregarme a Dios desde mi corazón, rindiendo la mente y permitiendo que la Divinidad fluya a través de mí. Es un hábito saludable que me ayuda a descomprimir, y me toma dos horas del día.

¿Y las otras veintidós? En ellas permanezco en esta misma entrega, en mis sueños y en mi diario vivir. Tengo familia y un negocio del que pago impuestos, nómina y créditos, y aun así vivo en esta relación.

Mi esposa a veces se ríe de mí, porque dice que mi vida se parece a la de un monje. Es cierto que no socializo mucho, pero es porque mi vida gira en torno a esta relación: el 95 % de mis diálogos internos los tengo con Dios. Me pueda responder o no, yo le estoy hablando. Lo que sé no lo aprendí en la teoría, sino en la experiencia. Y la experiencia me ha mostrado que la devoción no se vive solo en las horas de silencio, sino en todas las demás.

¿Por qué te apartarías de tu vida?

Muchos yoguis, cuando despiertan, deciden hacerse ascetas y meditar en privado durante años enteros. Pero cuando se encuentran con otros yoguis o con personas del común, tienen enfrentamientos y peleas. Les sucede porque no aprendieron a convivir mientras se alejaban del mundo.

En lo personal, prefiero a los yoguis y maestros modernos que tienen una vida social y familiar. Ellos de verdad conviven con una pareja, con la economía, con amigos y familia, y con todo lo que se teje alrededor de estas relaciones. Son ellos quienes traen luz, presencia y consciencia a la vida y a todos los que los rodean.

Si ya has realizado que es la Divinidad quien te vive, ¿por qué te apartarías de la vida que ya tienes? Todas las posibilidades existen para nosotros, y todos somos exploradores del Universo. No necesitas ser un excéntrico espiritual ni un ritualista.

Tu visión será otra

Conectar profundamente con tu Ser no significa que tengas que dejar de ser quien eres, ni dejar de hacer lo que te gusta, de divertirte o de hablar como acostumbras. Tal vez sigas teniendo el mismo trabajo, el mismo carro y la misma casa, y tus hijos seguirán siendo los mismos. Tu cotidianidad quizá no cambie, pero vivirás y concebirás la vida de otra manera. Te volverás una persona más compasiva, paciente y tranquila. Y el universo mismo te ayudará a encontrar el equilibrio en tu vida, para que todo lo que te rodea esté en armonía.

En la calle, en el banco, en el mercado

La vida te da a diario oportunidades para que el amor fluya. Cada vez que sales a la calle es una de ellas, y también cada vez que te sientas a conversar con tus colegas, tus amigos o tu familia. Conduciendo tu carro en medio de una calle congestionada de Bogotá, yendo al banco o al mercado, incluso ahí puedes fluir desde el amor.

Practícalo con tus seres queridos y con tus compañeros de trabajo, aunque no sean tan diligentes como tú. Cuando le abras la puerta a un desconocido, sabrás que es a la Divinidad a quien se la abres. Cuando le des paso a alguien en la vía, sabrás que es a Dios a quien le estás permitiendo el paso. Eso es el amor moviéndose. No tendrás que hacer rezos ni ir a templos: en cada inhalación que te mantiene con vida está la Divinidad.

Así lo vivo yo. Me entrego a Dios en los momentos íntimos de silencio, pero también en el día a día, reconociendo que la Divinidad fluye en todos y en todo lo que está a mi alrededor, hasta en mis dulces mascotas. Todos somos expresiones de Dios.

La coherencia

La verdadera sabiduría es reconocer en tu vida mundana que Dios está presente en todo. Pregúntate: ¿por qué quieres encontrar a Dios? ¿Quieres algo a cambio, o verdaderamente lo amas? No tienes que amar a un dios abstracto: ámalo aquí y ahora, especialmente en todos aquellos que no te agradan.

Por eso, cuando hoy se habla de espiritualidad, la acción es tan importante. La coherencia entre lo que haces, sientes y hablas es la que demuestra tu vivencia. Muchos de los que meditan y practican técnicas milenarias no han llegado a la claridad suficiente para sanar su hipocresía espiritual. Tú no tienes que caer en eso. Nutre en tu corazón la devoción; así de simple es.

La vida te pondrá pruebas. Reconoce a Dios también en los que te miran mal o te critican, porque allí también habita Él. Abrazar a tu pequeño hijo y encontrar en él a Dios y al amor es muy fácil; lo verdaderamente asombroso es encontrarlo también en los que te han hecho daño. Por supuesto, esto no significa que tengas que ir por la calle abrazando a todo el mundo: solo necesitas cambiar tu perspectiva.

Las otras veintitrés horas

La meditación te abre camino hacia lo profundo de ti mismo, pero no basta con una o dos horas para silenciarte. Hace falta que lo vivas en el día a día, en cada instante, en cada momento. Para ser devoto de la Divinidad no necesitas apartar tiempo: cada instante de tu vida es una oportunidad para serlo.

Por eso no hay excusas. Si en verdad no tienes tiempo para meditar, ¿qué haces las otras veintitrés horas del día? ¿Hacia qué fantasías te traslada tu mente mientras te bañas, conduces o comes? Incluso cuando hablas con otras personas, ¿está tu atención puesta completamente en quien te habla? Estoy seguro de que también te distraes, dejándote llevar por los pensamientos.

Una versión más intensa de ti

La Divinidad es tu propia vida. Ella no se aleja de ti, porque sería imposible: es Ella misma quien te vive. Dejarás de buscar a Dios en un horizonte inalcanzable para encontrarlo dentro de ti. Y cuando comprendas que eso que lleva tu nombre es solo un puñado de pensamientos, serás una versión mucho más intensa de ti mismo.

La Divinidad nos vive a todos de manera omnipresente; siempre está aquí, justo ahora. Vívelo.

No tienes que apartarte del mundo para encontrar a Dios. Te invito a vivir en esta relación en tu casa, en tu trabajo y en la calle por la que pasas cada día.

De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Devoción · Iluminación