«Yo me sentía uno con todo, sin ninguna sensación de separación, yo tan solo era esta sensación de vida.»Del libro El refugio del corazón
Llegué a aquel seminario sin ganas de buscar nada. Estaba harto de buscar, y casi me quedo en casa. Y sin embargo, fue allí, con una sola pregunta, donde mi corazón se abrió.
Te lo cuento para animarte a que lo hagas posible para ti. Lo que pasó ese día fue muy simple.
Cansado de buscar
Había pasado muchos años en Asia meditando, yendo de un maestro a otro, de una práctica a otra. Llegó un momento en que estaba cansado de esa búsqueda.
Un amigo me había hablado de Nick Arjuna, y Nick y yo nos habíamos escrito varias veces. Cuando volví a casa de mi madre, en Estados Unidos, Nick estaba dando un seminario en Miami. Quise ir a conocerlo, pero el organizador me dijo que no podía asistir: era para gente muy avanzada. Le escribí a Nick para contárselo.
La noche anterior
Esa noche, ya acostado en casa de mi madre, empecé a sentir que me separaba del cuerpo y me volvía testigo de todo el escenario. Veía la habitación, luego la casa completa, y luego mucho más allá, hasta que comprendí que todo estaba dentro de mí.
Al otro día simplemente abrí los ojos y ya había amanecido. No tenía ningún recuerdo de haber regresado al cuerpo.
La pregunta más simple
Era el día de mi cumpleaños. Esa mañana, mientras veía televisión, me llegó un correo de Nick: quería conocerme y me invitaba personalmente al seminario.
Dudé. No quería buscar nada más, y menos en otro maestro. Pero Nick había sido muy amable conmigo y se había interesado de verdad en ayudarme. Así que fui.
Cuando llegué, la gente contaba cuántos años llevaba buscando y qué técnicas practicaba. Me sentí como un buscador espiritual, y era justamente eso lo que ya no quería ser.
Entonces Nick nos pidió que hiciéramos un ejercicio en pareja. Teníamos que hacernos una pregunta, la más simple de todas:
¿Dime acerca del que está mirando?
En ese mismo instante, antes de poder formular una respuesta, sentí que mi corazón se abría. No había nada que entender ni que pensar acerca de ello. Era obvio, natural y fluido, como las olas del mar: Yo Soy Eso. Siempre lo he sido.
Una risa inocente
Segundos después no pude contenerme y empecé a reír. Los demás me miraban sorprendidos por mis carcajadas. Las únicas palabras que salían de mi boca eran inocentes:
—No puede ser así de simple.
Nick se acercó, comprendiendo lo que me estaba pasando. Y yo solo podía repetir lo mismo: no puede ser así de simple. Me sentí estúpido, para ser sincero. Aun así, la fuerza del corazón que se abría era más intensa que cualquier cosa que mi mente pudiera decir.
Esto es tan simple, tan sencillo, que la mente no lo puede comprender. Aquí hay inocencia, pureza. Solamente eso. A la mente, de hecho, esto le suena extraño, poco confiable, sospechoso.
Un volcán en el corazón
Esa noche empecé a sentir una liberación indescriptible a la altura del corazón. Era como un volcán que entraba en erupción dentro de mí, y yo no podía detenerlo. La energía subía desde lo más profundo del corazón. Intuí que era la energía de ese ser ilusorio que antes estaba allí: todas las ideas y conceptos con los que yo había construido un superego espiritual, una versión espiritual de mí mismo, llena de experiencias. Entre más se liberaba, más se abría la boca del volcán.
Me sentía muy presente. A la mañana siguiente percibí un gran cambio en el eje de mi personalidad: se desvanecía, y yo tan solo la observaba. Era la Consciencia misma la que tomaba las riendas. Esa presencia silenciosa nunca más desapareció de mi vida.
Ese día volví al seminario, más por gratitud con Nick que por buscar algo. En un momento nos miramos, y yo veía una gran transparencia a través de él, y él veía a través de mí. Yo simplemente estaba reconociendo mi ser en él, y él estaba reconociendo su ser en mí. Somos un solo ser. Es el ego el que crea la división.
Lo que siempre estuvo ahí
Aunque todas mis horas de meditación me llevaron a muchas experiencias místicas, hoy te digo que eso no es necesario para realizarte. No tendrás que viajar por todo el mundo para conocer a decenas de gurús. Tampoco necesitarás vastos conocimientos; al contrario, entre menos sepas, menos suposiciones harás tratando de convertir lo simple en complicado.
El momento de dejar de buscar siempre llega al alma humana, y entonces te das cuenta de que estás ante la presencia de Dios. Ahí la exploración espiritual tiene que terminar.
Recuerda que es la gracia de Dios la que te llevará allí. No sé cómo te llegará a ti. Puede ser viendo caer una hoja de un árbol, ante la presencia de un maestro o haciéndote una pregunta sencilla, como me pasó a mí. Hasta la caída de un grano de arena puede despertarte. Eso nos puede pasar a cualquiera de nosotros.
Lo único que encontrarás es la certeza de que es así como lo sientes: el Ser a través del cual observas es el mismo a través del cual se te dio la vida. Así pasarás de la duda a la certeza. Y entre más permanezcas en esa relación, más obvio te será. Si es la primera vez que escuchas sobre esto, tienes dos opciones: dejar pasar esta lectura, o ponerla en práctica para establecer esa relación, hasta que se te haga obvio que tu verdadera naturaleza es consciencia.
Lo que eres no está lejos ni escondido. Es el que está mirando ahora mismo. Y cuando lo reconozcas, tal vez tú también te rías con inocencia.
De los libros del Dr. Zuluan Orion: El refugio del corazón · Deshojando el Corazón de la Eternidad · Iluminación